Por: Philip Wilson

“-Detente”, le digo a un niño que está a punto de tomar un sorbo de agua sucia, estancada.  Es una reacción natural como padre. Esa agua no puede ser de ninguna manera buena para él. Estando en Guatemala, yo he vivido esta escena una y otra vez.  Como tantas personas, mi segunda reacción es  “¿Dónde estaba el Gobierno? ¿Por qué estos pobres niños tienen que tomar un líquido infestado de parásitos?  Alguien debería arreglar ésto”.

Por muchos años ese “alguien” era alguien más. Yo hice mi parte, pagando mis impuestos y diligentemente donando a caridad.  Sin embargo, ninguna de estas acciones tuvo resultados tangibles. El Gobierno era a menudo ineficaz y en lo peor, corrupto. Varias bien intencionadas ONG ayudaron a los pobres, pero su ayuda era a menudo temporal y nuca se acercó a resolver el problema.

Como miembro del sector privado, yo sabía que el negocio era muy bueno en el manejo eficiente y efectivo de recursos. La consecuencia de no realizar esto sería la muerte segura de cualquier compañía. ¿Podría uno usar un modelo de negocio para resolver el enorme problema social tan grande como proveer agua limpia?

En Guatemala, 1 de cada 20 niños no alcanza la edad de 5 debido a una infección intestinal causada por beber agua sucia. En el país,  97%  del agua disponible está contaminada por bacteria de origen fecal. Esta realidad mantiene a los pobres atrapados en una terrible realidad. Constante enfermedad intestinal significa pérdida de días de trabajo y escuela, dinero gastado en medicinas, en vez de comida, y una onda de problemas sociales y de salud. Yo quería resolver este problema para el millón de familias rurales que actualmente viven sin agua potable en Guatemala.

La primer cosa que yo hice fue ir al campo y hacer muchas preguntas. Yo quería entender que estaban haciendo actualmente los pobres, y lo que no hacían, para purificar el agua en su hogar. Algunos no purificaban el agua pero gastaban dinero en medicina para tratar malestares estomacales. Otro grupo grande está comprando leña para hervir el agua y otro grupo más pequeño estaba comprando agua en botella. El promedio de la cantidad gastada por los pobres en la mayoría de comunidades es alrededor de $12.00 al mes para agua limpia.

Juntando esta información fue el primer paso en no ver a los pobres como un objeto de lástima, si no como clientes. Como cualquier buen negocio yo usé esta información para poner juntas una estrategia de ventas y mercadeo para promover un filtro de bajo costo y efectivo.

La solución fue el “Ecofiltro”, un filtro de agua asequible que fue hecho de barro, efectivo y fácil de usar, y culturalmente aceptado. La pregunta era cómo hacer la diferencia entre el costo de $ 35 y el precio que una familia pobre estaría dispuesta a pagar. Una obra de caridad habría recaudado fondos, un Gobierno subsidiaría, pero como un negocio yo busqué por otros mercados que pagaran mas para compensar la diferencia.

La falta de agua limpia afecta a todos en un  país en desarrollo, tanto a ricos como a pobres. Por lo tanto, Yo desarrollé un filtro urbano con un margen elevado. El margen más alto nos permitió poner el precio del modelo de filtro rural a un precio accesible y proveer financiamiento. Nosotros encontramos que 3 pagos mensuales era el plan de financiamiento ideal así la transacción sería un evento de un flujo de dinero positivo para los pobres desde el mes uno.

Este año vamos a llegar a mas de 60,000 familias rurales y 30,000 familias urbanas y vamos bien encaminados en nuestra meta de alcanzar 1 millón de familias que no tienen acceso al agua limpia. En 5 años como un “Negocio Social” hemos alcanzado 170,000 familias rurales y 85,000 familias urbanas con nuestra solución de agua limpia.

Hoy, aun seguimos haciendo caridad, pero es direccionada hacia donde hará el mejor bien. Hemos encontrado que la manera más efectiva  es la de donar filtros a escuelas rurales. El año pasado llegamos a 824 escuelas rurales, alcanzando 170,000 niños con agua limpia. Este año estamos preparados para alcanzar 350,000 nuevos alumnos.

La tecnología y modelo de Ecofiltro han sido validados por varias organizaciones líderes en el mundo como MIT (la mejor universidad en tecnología de Estados Unidos)  y ha recibido docenas de premios del Banco Mundial, la Fundación Schwab (de fama mundial, Davos), el Gobierno Suizo y otros. Más reciéntemente, la Escuela de Diseño en Standford, se ha unido con Ecofiltro  para mejorar el proceso de manufactura y reducir costos y alcanzar más familias rurales.

Al combinar la tecnología probada con un modelo de negocio social, estamos proveyendo agua limpia a miles, pero lo más importante, preservando la dignidad de los pobres al eliminar la dependencia en el Gobierno y donaciones de caridad.

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Biografía
Philip Wilson nació en Guatemala y es graduado de Wharton School de la Universidad de Pennsylvania (MBA, Maestría en Administración de Empresas)  y de la Universidad de Notre Dame. Philip es el Presidente de Ecofiltro y también el fundador de de Solucionweb, la empresa líder de servicios web en Guatemala. Philip ha servido en numerosas juntas directivas de compañías y fundaciones incluyendo el Centro para Responsabilidad  Social Empresarial (CENTRARSE). El está casado con 4 hijos y reside permanentemente en Antigua, Guatemala.