La cultura y el ecosistema del emprendimiento

Cuando se habla de cultura se refiere a un dominio social que enfatiza las expresiones materiales, las prácticas, los discursos que sirven para darles sentido social a una vida vivida en comunidad, o sea, una vida con otros. Una cultura se vincula con el modo de vida, las creencias y costumbres de un grupo particular en un momento del tiempo.

De esta cuenta, se puede hablar de una cultura empresarial, y/o de una cultura emprendedora. Unas culturas son mas inclinadas hacia la empresarialidad y emprendimiento que otras. Es importante reconocer que el emprendimiento no siempre nace así no mas de una persona en particular. El emprendimiento también es impactado por lo que se ha llamado el ecosistema del emprendimiento.

El ecosistema del emprendimiento hace referencias a los individuos, las organizaciones y las instituciones afuera del emprendedor particular que facilitan o obstaculizan la elección personal de ser un emprendedor, asi como las probabilidades de éxito una vez se haya emprendido un nuevo proyecto.

La cultura es una faceta muy importante del ecosistema del emprendimiento. Líderes que quieren promover el emprendimiento y una cultura de empresarialidad en su país harían bien promoviendo un conjunto de creencias que hacen que la elección de ser emprendedor sea vista como una opción válida para los jóvenes dedicar sus vidas. Esto no conlleva simplemente celebrar el éxito, sino también la valentía de aceptar retos y las altas probabilidades de fracaso.

Es importante que la cultura de emprendimiento acepte el fracaso, y que el éxito muy probablemente conlleve múltiples intentos fallidos. Establecer nuevos proyectos y negocios es algo sumamente arriesgado. Agentes económicos muy adversos al riesgo no suelen ser emprendedores. Por esta razón, países deben evitar que los costos del fracaso sean altos. Emprendedores exitosos muy comúnmente pueden contar varios fracasos en su trayectoria.

El ámbito legal y regulatorio

Muchos países tienen pésimas políticas públicas en lo que el emprendimiento concierne. Los países latinoamericanos son entre los peores. Todo tipo de leyes mercantilistas y restrictivas impiden o obstaculizan el emprendimiento. Leyes de colegiación, leyes de bancarrota, falta de incentivos fiscales enfocados, salarios mínimos desvinculados con las condiciones económicas reales de cada localidad, rigideces laborales que no permiten el trabajo parcial o por productividad, y, sobre todo, falta de una firme protección de derechos de propiedad, y la falta de libre acceso a competir en los mercados locales son características que atentan contra el emprendimiento y la empresarialidad.

Otra mejora que pudieran hacer los países latinoamericanos es abrir sus puertas a la inmigración. Por tanto que nos encanta en estas latitudes criticar a las políticas migratorias de Estados Unidos, la verdad es que son mucho mas liberales y generosas de las de cualquier país de Latinoamérica. Países como Guatemala se podrían beneficiar mucho, por ejemplo, aceptando todo tipo de inmigrante universitario de España. Las cifras de desempleo entre jóvenes en España son altísimas, y millones de universitarios no encuentran trabajo. Guatemala debería de atraerlos al país para que contribuyan nuevos conocimientos, nuevos negocios, innovaciones, etc. Sin embargo, si llegasen a Guatemala, no podrían colegiarse fácilmente, porque sus títulos universitarios de España no son automáticamente reconocidos en Guatemala, y los colegios profesionales están diseñados para impedir la entrada de profesionales competentes y mejores preparados. Lo mismo, por cierto, aplica a cualquier premio Nobel en física, o economía. No podrían ejercer en Guatemala porque no se encuentran en el estado de colegiado activo.

Celebrar el éxito empresarial

En Guatemala se sataniza al empresario, no se celebra. Se mantiene el mito que todos los empresarios ricos heredaron su fortuna desde la época de la colonia, cosa que es demostrablemente falso.

Estas tendencias solo pueden tener efectos nefastos, pero se entiende por qué se da, y por qué será difícil corregir estos errores “culturales”. Si Guatemala celebrará el éxito empresarial, celebraría el “rico”, y la desigualdad. Si Guatemala celebrará el emprendedor, sería una admisión que cada quién es autor de su destino, y que la responsabilidad última por la condición de vida de uno la tiene … uno mismo. Estas admisiones van en contra de la narrativa que todo es socialmente determinado, que el pobre que nace pobre morirá pobre. Es una falsedad, un mito que daña la cultura guatemalteca.

Es cierto, unos afrontan mayores retos que otros, pero a final de cuentas, uno tiene poder de acción, por mínimo que sea. Los más ricos del tiempo de la colonia ya no lo son. Los ricos de las últimas décadas ya afrontan nuevos actores que compiten con ellos por relevancia política y económica. Asimismo, nuevos emprendedores en el interior del país están estableciendo nuevas relaciones de poder y comercio interesantes.

El ecosistema y la cultura solo pueden facilitar ciertas decisiones, entre ellas la de emprender o no. La decisión final la tiene uno, por lo que la responsabilidad de la condición de vida que uno tiene, a lo largo de su vida, también conlleva una cierta responsabilidad individual Esta noción, en nuestros tiempos políticamente correctos, es considerada tóxica. Pareciera que se prefiere pensar que la sociedad y sus deficiencias estructurales efectivamente condenan a todos los menos afortunados a la pobreza y la marginación. Esto no es cierto. Mas bien, los que han salido de las peores condiciones para lograr éxito deberían de ser celebrados como héroes de la dignidad humana y el espíritu emprendedor.

Dr. Nicholas Virzi

nicholasvirzi@gmail.com