Todo empresario o emprendedor debe utilizar herramientas que midan la efectividad de su empresa. Como un termómetro, estas herramientas indican la “temperatura ideal” que debe mantener la organización para funcionar correctamente. Con un conjunto adecuado de índices de desempeño o KPI (Key Performance Indicators), el empresario podrá conocer el rendimiento real de su compañía.

Existen varios indicadores, unos miden el rendimiento financiero, otros miden al cliente y ayudan a centrar el producto o servicio en el usuario, algunos evalúan el mercado y las tendencias de marketing, otros miden los resultados de las ventas y también están los que miden el rendimiento de los colaboradores. Entre todos los índices que existen, uno de los más conocidos es el Índice de Rotación de Personal (IRP).

Este índice de gestión de capital humano ayuda a medir, durante un periodo determinado de tiempo, la cantidad de personas que salen y entran a una organización, comparado con el total de personas promedio que permanecen en la empresa. Con este índice también podemos identificar si la persona se desvincula laboralmente por insatisfacción laboral, por una mejor oportunidad, por razones personales o por razones ineludibles, como una jubilación, entre otras. Pero ¿cómo podemos utilizar esta información a nuestro favor?

Te comparto 4 consejos que aprendí de los mejores Gerentes de Recursos Humanos y que me han servido mucho en mis empresas:

  1. No es él, eres tú. El primer consejo es responsabilizarnos por nuestros actos. Cuando una persona decide desvincularse laboralmente de la empresa, nuestro mecanismo de defensa es juzgar su postura y justificar la nuestra. Si te esfuerzas por evaluarte como líder y a tu empresa, podrás identificar oportunidades de mejora invaluables. Es muy probable que el antiguo colaborador también tenga que hacer una auto-evaluación de su conducta y sus decisiones, pero eso será su responsabilidad.

  1. Concéntrate en el camino:  En el momento en que un colaborador es desvinculado, voluntaria o involuntariamente, nuestra meta como empresa es buscar a su reemplazo. En este momento debes concentrarte en el camino y no solo en la meta; es decir, en el proceso de desvinculación laboral. Enfócate en recabar la información necesaria para identificar oportunidades de mejora y haz lo posible por terminar la relación laboral de una manera profesional y pacífica.

  1. Alerta roja: Si el porcentaje de IRP está a un nivel mayor que la media de tu industria, debes descubrir qué está pasando y evitarlo. Si haz cumplido los consejos anteriores, tendrás la información a la mano y podrás tomar las decisiones correctas. Presta especial atención a la cultura de la empresa, al estilo de liderazgo de tus gerentes y jefes, al sistema de motivadores, las fechas de pago, los salarios, horarios, entre otros.  

  1. Perfect Timing: El momento oportuno es el consejo más importante. Si uno de tus colaboradores se resiste a los cambios que estás aplicando, te preguntarás si es momento de cambiarlo de puesto o de desvincularlo laboralmente. Los autores Nieder y Zimmermann desarrollaron la teoría de la pirámide de resistencia al cambio, la cual nos podrá ayudar a identificar el momento oportuno para tomar la mejor decisión.

Imagina una pirámide con tres escalones. El primero es la base, se llama “No conozco”. Es el primer síntoma de resistencia al cambio. La persona no acepta el cambio porque no conoce, no sabe. Lo que debes hacer en este caso es informar, que el colaborador conozca aquello a lo que teme. Si muchas personas que se han desvinculado se han quedado estancadas en este escalón, es momento de revisar tu programa de comunicación interna.

El segundo, a la mitad, se llama “No puedo”.  La persona ya conoce lo que debe hacer, pero no sabe cómo hacerlo. En este caso te toca capacitarlo. Si éste ha sido el escalón en el que muchos se han quedado, debes revisar tu programa de capacitación y las oportunidades de crecimiento laboral o carrera profesional dentro de la empresa. Recuerda la famosa frase “¿Qué pasa si capacitamos a nuestro personal y se va con la competencia? ¿Y qué pasa si no los capacitamos y se quedan?”.

El tercero, en la punta, se llama “No quiero”. Si la persona ya conoce lo que debe hacer, sabe cómo hacerlo, pero no quiere hacerlo, nos estamos enfrentando a una mala actitud. Si un mismo colaborador reincide en este último escalón de la resistencia al cambio, es momento de desvincularlo laboralmente, revisar en qué fallamos como empresa, enmendar los errores y volver a empezar.

Recuerda que mantener la “temperatura ideal” en tu empresa es tu responsabilidad. Escoge los mejores termómetros, ambienta tu compañía con una cultura organizacional basada en la excelencia, en valorar el trabajo, en ofrecer oportunidades de crecimiento laboral y tú, como líder, sé el ejemplo, oportuno, objetivo y auto-analítico. Así motivarás a tu capital humano, retendrás a los mejores y tendrás un equipo comprometido con tu empresa.