Hace algunos meses tuve la oportunidad de estar en Silicon Valley y la experiencia fue arrolladora. En un área geográfica muy pequeña, hay una cantidad enorme de personas emprendiendo negocios. Hacia donde voltees te encuentras ideas, talento, oportunidades y personas que están dispuestas a correr riesgos para llevar las ideas al mercado, convertidas en productos o servicios tangibles.

Sin embargo, si prestas atención al párrafo anterior te darás cuenta que no mencioné la palabra empresa, ya que en Silicon Valley aprendí que una cosa es emprender, tener ideas y desarrollarlas, y otra muy diferente es tener una empresa. 

En nuestro país, la idea de crear una empresa, conlleva un paradigma enorme relacionado con la existencia del emprendedor de manera casi indivisible en el seno de la empresa, en donde a veces no sabemos si es la persona o la organización las que están posicionadas en el mercado. El emprendedor  y la empresa son uno mismo, y la segunda no se concibe sin el primero. Entonces aplica la premisa de emprendedor igual a empresario.

En mi experiencia en Silicon Valley, esto es totalmente distinto, el emprendedor es uno y el empresario es otra persona. El primero se encarga de generar ideas, crearlas, gestarlas, desarrollarlas y ponerlas en el mercado, mientras que el segundo es quien administra la empresa, la opera y la hace crecer una vez que esta llega al mercado. Como se puede notar son personas distintas, con características y perfiles muy diferentes uno del otro.

Así, mientras los emprendedores son personas que saben de aspectos técnicos relacionados a la idea de negocio, el empresario es alguien que tiene un perfil muy diferente. Así las habilidades que un empresario debe tener son:

1.- Contar con capacidad para expresarse adecuadamente en forma verbal y por escrito. Ya que un empresario necesitará negociar con clientes, proveedores, accionistas y otros empresarios.

2.- Tener visión del mercado a nivel general, local y global. Es necesario que el empresario pueda conocer de manera general el mercado, y así poder tomar decisiones relacionadas de manera más ágil y asertiva.

3.- Ser un excelente líder. Pues recordemos que es la cabeza de un grupo de trabajo, y debe ser inspirador para su personal y para quienes colaboran con él.

4.- Capaz de resolver conflictos. En todo grupo de trabajo se generan diferencias y conflictos de manera natural, así que un buen empresario es una persona capaz de ser ecuánime y encontrar las mejores soluciones a los conflictos de manera justa.

5.- Identificar y desarrollar oportunidades de negocio en todo momento. El empresario es una persona que siempre está pensando en negocio, que de manera permanente, las 24 horas del día, los 365 días del año tiene en mente cómo hacer negocios.

6.- Debe poseer una alta responsabilidad sobre cosas, personas y valores. Pues ya que las personas, valores y decisiones de la empresa dependen de él, es necesario que tenga una alta responsabilidad hacia ello y se conduzca dentro de los valores que su equipo de trabajo busca.

7.- Tolerante a la frustración. Un empresario sabe que en ocasiones habrá retos y momentos en los que sus decisiones no sean las más indicadas, así que debe ser capaz de ser tolerante a ello y continuar adelante, no detenerse ni frustrarse, pues si el empresario se pasma, la organización lo hace con él.

Finalmente es importante señalar, que toda organización asume siempre la personalidad de su director general. Si una empresa tiene un líder carismático, que confía y es creativo, el equipo asume esa personalidad como propia y genera ideas y oportunidades de negocio de manera natural. Pero si el director es una persona tímida, insegura y poco colaborativa, la organización asumirá dicha personalidad y será una organización dubitativa en su desempeño en el mercado.

Si un director es una persona de carácter fuerte, que de todo se molesta y con quien es difícil comunicarse, la empresa y su equipo de trabajo asumirá una posición en la que la comunicación sea escaza y con miedo en su actuar.

Un empresario debe ser alguien tolerante a la crítica y capaz de reconocer qué tanto su personalidad influye en el grupo, y si esa personalidad la está transmitiendo a su equipo, entender que ello puede limitar el potencial y talento de sus colaboradores o empujarlos al éxito colectivo.

¿Y tú? ¿Qué clase de empresario eres? Y reflexiona, ese que eres, es el ¿que deseas ser para tu equipo?

Por Carlos Maynor Salinas Santano

Director de consultoría y proyectos especiales en CamBio Tec