Una de las piezas clave en cualquier economía es la innovación en el ámbito financiero. En los mercados más desarrollados el término FinTech o Financial Technology se ha acuñado para identificar la amalgama entre servicios financieros y tecnología. Los inversionistas y emprendedores han visto tanto potencial en la tecnología financiera que, a la fecha, es una de las áreas con mayor crecimiento entre las compañías de capital de riesgo.

 

Como parte de las empresas y tecnologías financieras se pueden observar diversos servicios y productos entre los que se encuentran las denominadas cryptocurrencies (o criptomonedas) tales como Bitcoin. Las criptomonedas son medios de intercambio al estilo de los Dólares y los Quetzales, pero que se diferencian de ellas porque no son emitidas ni controladas por ninguna entidad monetaria centralizada y tampoco tienen existencia física.

En el caso particular de Bitcoin las transacciones son almacenadas en una bitácora pública que es alimentada y almacenada por mineros, quienes reciben Bitcoins a cambio de realizar y autenticar las operaciones. La tasa de cambio ente Bitcoins y Dólares es determinada por la cantidad de bienes y servicios que una persona puede adquirir con la criptomoneda, la especulación de inversionistas y el reconocimiento como una mercancía por parte de algunos reguladores. Así, la tasa de cambio de un (1) Bitcoin ha pasado de US$ 0.01 en julio de 2010 a US$ 2,997.99 en 11 de junio de 2017.

Entre otros beneficios de la utilización de las criptomonedas se encuentra la posibilidad de hacer transacciones y pagos desde el móvil sin pagar tasas o comisiones bancarias, e incluso podrían llegar a ser utilizadas por los migrantes en el extranjero y así evitar realizar pagos a las remesadoras o sufrir pérdidas por cambio de moneda.

Otra forma de las tecnologías que han revolucionado el mundo financiero son las plataformas de préstamos entre iguales, también denominadas Peer-to- Peer Lending. Algunos ejemplos de estas plataformas son LendinClub, LendingTree o Prosper que permiten poner en contacto a quienes demandan créditos con quienes tienen el capital para financiarlos. La plataforma permite reducir el margen entre la tasa activa y la tasa pasiva, bene ciando a las dos partes de la relación. Asimismo, utilizando el historial crediticio de quien solicita el crédito, ja la tasa de interés para reflejar dentro de la misma el riesgo inherente al tipo de crédito –re financiamiento, compra de automóvil, viaje, remodelación, etc– así como el riesgo propio del deudor.

Aunque pareciera que las plataformas de Peer-to- Peer Lending prestan servicios de intermediación financiera, lo que realmente hacen es recopilar información y fungir como intermediarios de la misma. Esto permite un dinamismo en el mercado de créditos en el que aquellas personas que no son sujetos de crédito en un banco, sí lo serán para inversionistas agresivos, quienes podrán lograr mejores retornos sobre su inversión.

Otro tipo de plataformas son aquellas que permiten a sus usuarios hacer inversiones bursátiles desde sus dispositivos móviles. Algunas de ellas tienen portafolios predeterminados mientras otras permiten que el usuario elija según su apetito de riesgo. Stash es un ejemplo de este tipo de plataformas, que permite a su usuario generar un fondo de inversión aportando al mismo diariamente. Esto lo hace atractivo y permite generar un capital de inversión con montos bajos y periódicos.

Los beneficios de contar con estas plataformas tecnológicas son incalculables y tienen un efecto multiplicador desde la perspectiva financiera.

A diferencia de servicios tradicionales en donde el proveedor tiene una limitación geográfica, los prestados por internet tienen desde la perspectiva técnica una cobertura global.

Esto significa que un guatemalteco desde su celular tiene la posibilidad de estar haciendo negocios, recibiendo financiamiento, o invirtiendo en una compañía en el Reino Unido o Estados Unidos, por mencionar algunos ejemplo.

¿Qué necesitamos entonces en Guatemala para tener acceso a estos servicios?
Por un lado, un marco regulatorio flexible y amigable a nuevas tecnologías. Esto es trabajo de los reguladores del sistema bancario y financiero, así como de los congresistas. Un marco que implica tener reglas que permitan productos, servicios y tecnologías que aún no existen.

Por otro lado, seguridad jurídica en todos sus distintos aspectos. Uno de los más importantes es la capacidad para identificar de manera adecuada a las personas, cosa que también conlleva la sanción a aquellas personas que usurpan la identidad de terceros, que implica tribunales de justicia eficientes y acertados. La seguridad jurídica también significa que los fraudes, robos, estafas e ilícitos serán perseguidos y castigados.

Las tecnologías y las herramientas ya existen y su desarrollo no se detendrá. Lo que tenemos que decidir ahora es si queremos tenerlas a nuestro alcance y beneficiarnos de ellas.

Escrito por Jonathan Yarhi