Hoy en día el tema de la construcción sostenible es algo mucho más común que algún tiempo atrás, cuando la e ciencia energética, el consumo de agua, el manejo de los desechos de construcción, el mejoramiento de condiciones internas para los ocupantes y la selección detallada de los materiales a utilizar, no eran objetivo de discusión en los proyectos que se diseñaban y ejecutaban. La percepción y la realidad del mundo eran distintas eso sí, los recursos se suponían inagotables.

Hace ya cerca de 10 años, tuvimos la oportunidad de estudiar y conocer las tendencias en construcción sostenible desarrolladas en Estados Unidos y Europa, lo que despertó en nosotros una gran interrogante: ¿por qué Latinoamérica siempre va siguiendo los pasos de los más desarrollados?

Nuestra región tiene una importancia ambiental enorme para el mundo, lo que ha generado una gran conciencia ambiental y un instinto de protección al ambiente, suficientes para posicionarnos como líderes mundiales en estos temas, y más específicamente en el ámbito de la construcción, y sin embargo, esto aún no sucede.

Inicialmente, recomendar algunas de estas ideas nuevas en las empresas con amplias trayectorias en la industria venía acompañado de una resistencia a cambiar las prácticas actuales, metodologías ya probadas y funcionales.

Era muy usual escuchar como escudo para el cambio “esto sale más caras” o “se retrasa el proceso de la obra”.

Las estimaciones de retorno sobre inversiones y los ahorros proyectados a futuro han sido fundamentales para la aceptación de las nuevas metodologías; adicionalmente, algunas estrategias han calado en todos los involucrados en el proceso debido al impacto social, ambiental y económico de las mismas.

Las certificaciones para edificaciones han logrado despertar el interés en el mercado, ya que aparte de los beneficios ya mencionados de un proyecto verde, agrega un valor de mercadeo distinguido de edificios similares. Para darnos una idea del crecimiento de la certificación LEED, la más utilizada en la actualidad en el mundo, se ha incrementado en los últimos 10 años de 4 proyectos registrados a 347 en el presente año. Se ha logrado además en el mismo período certificar 102 proyectos.

Ha sido importante rescatar que los esfuerzos de mejorar la industria de la construcción no van atados a proyectos de gran tamaño ni a empresas con muchos años de trayectoria. Hemos trabajado en proyectos desde 40 metros cuadrados hasta más de 150,000 metros cuadrados, y el resultado más importante siempre ha sido la permeabilidad social de los mismos, es el cambio de perspectiva del propietario, del arquitecto, del ingeniero, del constructor, y el proceso de educación que conlleva cada experiencia.

Cada proyecto debe ser capaz de enseñar a sus ocupantes y visitantes las características sostenibles para lograr replicar e inclusive mejorar estos esfuerzos.

Es importante destacar que las tecnologías son un aliado esencial para lograr algunos de los objetivos, sin embargo, muchas de las decisiones se pueden realizar con un análisis de los materiales a usar y con un proceso detallado de diseño pasivo.

No se puede negar que se han dado importantes pasos en la región para mejorar nuestros procesos constructivos, sin embargo, falta mucho camino por recorrer aún. En nuestra perspectiva, hay una gran área que necesita sostenibilizarse también y son los proyectos existentes.

La realidad es que los edificios nuevos son pocos comparados a los edificios que ya están funcionando, estos proyectos deben formar parte de la solución. Muchas edificaciones funcionan ineficientemente, consumiendo mucha más energía y agua de la necesaria, y con ambientes internos inadecuados para los ocupantes. Es importante realizar auditorías energéticas para determinar las áreas críticas en la operación y hacer planes escalonados de implementación de las mejoras si fuera necesario.

Además, estudios de calidad de ambientes internos para evitar síndromes como el de edificio enfermo, causado por mala renovación de aire fresco que mantiene lujos contaminados re circulando en el edificio, aumentando los riesgos de transmisión de virus y bacterias al resto de personas.

La visión del futuro para los desarrollos inmobiliarios son los proyectos regenerativos, o proyectos que devuelvan más de lo que consumen.

Nuestra visión del futuro para los desarrollos inmobiliarios son proyectos que tengan impacto social positivo en las comunidades en que se construyen. En términos de energía, producir mediante fuentes renovables energía suficiente para suplir su propia demanda y además entregar de vuelta a la red local. Para el agua, utilizar lo necesario para nuestras necesidades, luego tratar el agua a condiciones utilizables, reutilizarla para inodoros o riego, y cualquier sobrante infiltrarla para relleno de mantos acuíferos, generando ciclos no solo de agua cero sino que agua positivos.

Los materiales que seleccionemos que tengan un ciclo de vida de la cuna a la cuna, lo que quiere decir que los materiales los podamos reutilizar o reciclar para poder incorporarlos en otros ciclos de uso y que no contengan ingredientes que tengan impactos negativos en el medio ambiente. Además, que promuevan un estilo de vida saludable, dónde las personas se vean motivadas a mantenerse activas, productivas y donde la alimentación salud- able sea primordial para el día a día. Mientras este futuro llegue, seguiremos promoviendo día a día la sostenibilidad en la región creyendo que seremos líderes algún día.

Escrito por Federico Steinvorth