En la última semana de septiembre de 2017, el Foro Económico Mundial sacó su último informe del Índice de Competitividad Global (ICG), en el cuál se miden y comparan 137 países del mundo en materias relacionadas con su habilidad de competir. El FEM define a la competitividad nacional como el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país.

El FEM recoge un consenso de que el crecimiento económico es una condición necesaria para el desarrollo humano y bienestar. Es el crecimiento económico que crea los recursos necesarios para que la sociedad y el sistema política pueda satisfacer las demandas políticas por seguridad, educación, salud básica, y niveles crecientes de ingresos familiares. Sin crecimiento económico no puede haber desarrollo, y para crecer, un país necesita ser competitivo, lo cual a su vez requiere que el país tenga una economía de libre mercado funcional, con sistemas políticos de compensación social. Estas afirmaciones del FEM caben perfectamente dentro del argumento que sustenta la Economía Social de Mercado basado en sus principios fundadores ordoliberales, promulgados por Ludwig Erhard, arquitecto de la liberalización de la economía alemana después del desastre colectivista que sufrió bajo el nazismo.

El crecimiento económico, por lo anterior, no debe entenderse únicamente como un n en si mismo. Existe una profunda red de conexiones que vinculan el crecimiento económico a una malla amplia de valores sociales. El crecimiento económico contribuye al bienestar, al bien común. Por esto debería de ser tema de consenso político y debe de gozar de una profunda y amplia legitimidad política. Por esto es importante que se de ne y se mida de manera basada en una noción multidimensional de progreso que incluye valores como la distribución de las ganancias del crecimiento económico, la sostenibilidad ambiental y el respeto por los derechos ajenos, y la consideración de los intereses de las generaciones por venir.

Habría que recordar que, según el Foro Económico Mundial, la meta del avance económico centrado en la persona humana, un principio rector de la Economía Social de Mercado, es el incremento en el bienestar de la población de un país, considerando la sostenibilidad y también cuestiones de mínimos estándares de equidad de oportunidades ante la ley, libertad de coacción, responsabilidad, subsidariedad y solidaridad. Por estas razones, es importante que los países vigilen de cerca determinantes de la competitividad. Si bien es cierto que el crecimiento económico no es un n en si mismo, es un prerequisito para aumentar el desarrollo humano, el bienestar, y el bien común.

El FEM identifica un consenso sobre el tema que el crecimiento económico se debería de enfocar en el bienestar humano. Esta definición del progreso centrado en la persona humana es multidimensional en si, porque se re ere al beneficiar la mayoría de la gente, a la sostenibilidad ambiental, y la equidad en oportunidades para todos, incluyendo a las futuras generaciones. Por estas razones, la competitividad sigue siendo determinante para la meta social de progreso económico centrado en la persona humana, por medio de la creación de la riqueza requeridad para aumentar el bienestar y bien común, lo cual incluye seguridad, educación, salud, e ingresos familiares crecientes.

Para mejorar los determinantes de la competitividad, que consisten en 12 pilares, divididos en tres categorías, que son requisítos básicos, potenciadores de e ciencia y factores de innovación, se requiere la acción coordinada del Estado, la iniciativa privada y la sociedad civil, según el FEM. En la tabla siguiente, se comparan los países de Estados Unidos, Alemania, Chile, Guatemala, Panamá, Taiwán, y Venezuela. Se comparan estos países en cuanto a su ranking (entre 1 y 137) en el Informe del Índice de Competitividad Global, en las categorías básicas del Índice de Competitividad Global, que son los Requerimientos Básicos, los Potenciadores de Eficiencia, y Factores de Innovación y Sofisticación. Se puede ver que mientras Guatemala tiene un ranking global de 84 de 137 países, su ranking es mejor en la categoría de Potenciadores de Eficiencia (79) y mucho mejor en Innovación y Sofistiación Empresarial (63). Si tan solo Guatemala tuviera el ranking 84 en el rubro de Requisitos Básicos, su ranking global mejoraría. Lo que perjudica a Guatemala es su falta de atención a los Requisitos Básicos.

En la siguiente tabla, se ven desglosados los 12 pilares del ICG. Los números indican el ranking de cada país antes mencionado en cada rubro componente de la competitividad nacional. Se puede tomar de base el ranking global de Guatemala en el ICG, que es 84 de 137 países, lo cual pondría a Guatemala en una posición mejor que el 39% de los 137 países en la muestra mundial utilizada por el FEM. Sin embargo, se puede ver que el ranking de Guatemala en los distintos pilares de la competitividad global es bastante disparejo. Por ejemplo, en el primer pilar, Instituciones, Guatemala tiene un ranking de 111, 27 escaños peor que su ranking global, mientras que en el pilar de Macroeconomía Guatemala tiene un ranking de 54, 30 escaños mejor que su nota global. Sin embargo, siguiendo en la categoría de Requisitos Básicos, se ve de nuevo que Guatemala falla en cuanto a su ranking en Salud y Educación Primaria, 106 de 137 países, 22 escaños por debajo de su ranking global de 84. Es la falta de atención a los Requisitos Básicos que hace que Guatemala esté rezagada en su competitividad nacional. Si Guatemala logrará mejorar la calidad de sus Instituciones, y su inversión en Salud y Educación Primaria, su competitividad nacional mejoraría sustancialmente. Esto permitiría que el país alcanzara mayores niveles de desarrollo humano en tiempo razonable.

Por Nicholas David Virzi – Economista Vicepresidente Amcham