Guatemala se ha convertido en un paraíso para salir a comer. Desde hace algunos años abundan los restaurantes con influencia internacional y fusión, pero poco a poco se han sumado los restaurantes de cocina de autor, dándonos un abanico inagotable de opciones para vivir experiencias gastronómicas inolvidables.

En nuestra 10a edición de Una Revista Foodie escribimos el artículo « Cocina guatemalteca contemporánea » sobre varios restaurantes con estilos, técnicas y conceptos diferentes. Cada uno inspirado por ingredientes locales y formas de entender la cocina guatemalteca como una re interpretación personal.

MERCADO 24

Este restaurante ubicado en el corazón de 4 Grados Norte tiene una de las cocinas más interesantes de la actualidad. Todo su imaginario gastronómico gira alrededor del ingrediente local y los productos frescos. Cada día, sus chefs –Pablo Díaz y Nestor Sical–, van al mercado a escoger los productos más frescos. Además, tienen una visión de trabajo en equipo muy relajado y amigable que hace que Mercado 24 se haya convertido en uno de los restaurantes favoritos para comer y pasarla bien. Además, este año fueron premiados con el Tenedor de Oro 2017 como restaurante del año. Sus tostadas de pescado fresco y su «Pulpo que no es pulpo» son clásicos del menú.

FLOR DE LIS

Liderado por el chef Diego Telles, este restaurante se ha caracterizado por una gastronomía enfocada en la investigación de los ingredientes, las preparaciones prolongadas, una multiplicidad de técnicas y emplatados que sorprenden; desde re interpretaciones de bosques del altiplano hasta platos minimalistas que transmiten emociones como soledad y plenitud. El chef Diego Telles ha trabajado en restaurantes con estrellas Michelin que lo han llevado a tener una de las cocinas más lúcidas, emblemáticas y vanguardistas de Guatemala. Su plato «Tomate confitado» es un clásico en la cocina guatemalteca contemporánea.

KARDOMMOMUS

Este restaurante es originario de Cobán, por lo que utiliza ingredientes muy comunes de la región, entre ellos: chile cahabonero, chunto, roq’tix, cardamomo, entre otros. Su estilo es característico de la comida fusión, que implementa técnicas y tendencias internacionales con ingredientes locales. Entre sus platos más conocidos están las «pechugas de chunto con hojas de roq’tix , maíz y queso».

EN RESTAURANTE

A pesar de que no es un restaurante físico y tampoco tiene actividad regular, este proyecto itinerante de la chef Debora Fadul ha llegado a los oídos –y paladares–de muchas personas. Su concepto se caracteriza por la libertad de ingredientes, una creatividad desbordante y un vasto conocimiento para apreciar el pro- ducto local. La chef es súper creativa y llena de energía, lo que ha ganado la admiración de muchos chefs por su disposición, pasión, trabajo en equipo y talento a la hora de aplicar diversas técnicas. Las «carnitas de Siquinalá» es uno de sus platos emblemáticos que dan ganas de probar todos los fines de semana.

AMBIA

Este restaurante ya es un clásico. Su chef, Sergio Díaz, es súper respetado en el mundo gastronómico por liderar la tendencia molecular en Guatemala. Su inspiración y talento lo han lleva- do a otro nivel, en especial fuera de Guatemala. Está a cargo de las cocinas de Ambia, Biba, Giuseppe Verdi en Ciudad de Guatemala y Distinto en Quetzaltenango. En su cocina es característica la aplicación de técnicas moleculares de vanguardia, y es común ver en sus platos paisajes de su infancia y experiencias acumuladas en los mútiples restaurantes internacionales donde ha trabajado. El «paté de ganso sellado» es uno de sus platos más reconocidos en Ambia.

GUAT-IK

Guat-Ik tiene una cocina que ofrece platos internacionales con ingredientes locales como chipilín, apazote, coco, pepitoria, pacaya, frijoles, piloyes, cacao, chocolate y otros. Su característica principal es la cocina fusión, ya que estos ingredientes van en re- cetas como pastas italianas o lomitos franceses, lo que hace que sus platillos sean bien aceptados por diferentes paladares. Uno de los mejores ejemplos es su «cerdo con salsa de tamarindo y risotto de chipilín».

Por Javier Lainfiesta – Mister Menú